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Sección Nuestro rincón creativo: El nacimiento de una idea

El nacimiento de una idea 



"Soy un mini punto en el espacio vacío, sin conciencia, pero, de un modo extraño, dispuesta a ser cualquier cosa. 
Desconozco mi nombre hasta que lo oigo en la versión más primaria de su significado y entonces empiezo a crecer sin que nadie pueda pararme. 
Temo que no me nombren, temo quedar en ese estado de inutilidad por culpa de que nadie quiera regalar un momento para darme forma. No necesito recursos, solo sueños y un buen motor de constancia. Si pudiera hablar en esos momentos gritaría: invéntame, lúchame, rétame. Pese a ser única, sé que no estoy sola, hay millones como yo. Así que, si eres valiente, atrévete a imaginarme. 
Prometo intentar ser el comienzo sin fin de algo maravilloso."




Sección: Una imagen.Un relato

De nuevo ponemos en marcha la sección: Una imagen. Un relato, que acogisteis tan bien en el pasado mes de marzo.

En esta ocasión hemos elegido esta imagen para que os inspiréis:


Los próximos tres jueves, como equipo de Los Libros de Bastian, subiremos a nuestro Facebook tres mini relatos que esperamos que os gusten y que os animen a enviarnos los vuestros.

Los esperamos con muchas ganas. Que la inspiración os acompañe.



Nuestro rincón creativo: La cazadora de estrellas

Hoy os traemos una nueva sección a la que llamaremos “Nuestro rincón creativo”.
Lo usaremos para compartir las pequeñas historietas que se nos van ocurriendo a los miembros del equipo de “Los libros de Bastian”. Esperemos que os hagan soñar y que os inspiren para obrar mayores hazañas literarias.

LA CAZADORA DE ESTRELLAS.
(Relato escrito por Mar)


“Dentro de una caja, sobre un cojín mullidito y arropado con dulzura, encontraron un Corazón Soñador. Al alzar su sabana descubrieron bordada la historia de su antigua propietaria.

Este corazón fue propiedad de una chica alta y esbelta llamada Anastasia. Tan alta era que siempre tenía la cabeza en las nubes y era eso lo que la gente del pueblo le recriminaba. Siempre leyendo, siempre mirando el cielo cómo si de un teatro se tratara.

Anastasia estaba obsesionada con el cielo, tanto le fascinaba que saltaba de la silla para no sentir el suelo durante un instante, que se subía a los árboles para convertirse en pájaro y sentirse cercana al cielo, hasta que sus padres la despertaban con una dosis de realidad.

Quizás lo más peligroso que hizo, alguna vez, fue saltar desde un acantilado. Tranquilos, no saltó al vacío, no. Saltó al mar, saltó al mar para poder darme a mí su corazón, para que me pudiera figurar cómo sería tocar el cielo y volar. Pero el impacto fue tan fuerte que la despertó de golpe y fue necesaria la ayuda de un pescador para llegar a la costa donde se arremolinaba la espuma y donde las conchas juegan al escondite en la arena.

Una noche de primavera, cuándo las estrellas recorrían el cielo con mucha prisa, cómo si llegaran tarde a una fiesta del té, Anastasia, aún despierta, salió de casa, miró el cielo durante un suspiro, cerró la puerta sin hacer ruido y se dirigió con determinación hacia su inmensidad sin siquiera titubear un instante, con paso lento pero firme, sin detenerse y sin mirar atrás.

Anastasia desapareció. Pasó el tiempo y se continuaba sin tener ninguna pista, hasta que, cierto día al cabo de los años, llegó a oídos de la gente del pueblo la noticia de que, en las Montañas del Sur, pasado el Bosque Blanco y después de las Valles del Süd, había una chica blanca cómo la nieve, de pelo cobrizo y ojos negro noche. Una chica preciosa, alta y esbelta que se dedicaba a cazar estrellas, que te las buscaba si las perdías, no importaba si eran estrellas rápidas o invisibles, no importaba si eran de mar o de montaña, ni tampoco sus formas o sus colores, ella las encontraría. Tan buena era en su trabajo que este le trajo la fama.

Y ella vivía allí, donde el cielo era más cercano, dónde, en la noche, las luces de la ciudad no llegaban. Dónde al llegar la noche, cogía su pequeña barca, se dirigía al lago y remaba a lo largo de la Vía Láctea. Eran ella y el espacio. Su sueño ya no era un sueño. Había conseguido tocar el cielo.

Sólo los soñadores pueden cambiar su destino. Porqué es el amor y la admiración a los mirajes  el combustible que le permite al mundo girar. Y es que nadie, por muy poderoso, importante o listo que sea, tiene derecho de tratar de inocente o loco a un Corazón Soñador”.



Si queréis enviarnos alguno de los relatos cortos que surcan los mares de vuestra imaginación no dudéis, en mandarlos a nuestro correo electrónico: loslibrosdebastian1@gmail.com.




Vuestras historias...

Hoy os traemos dos fantásticos mini relatos que nos habéis enviado para la sección "Una imagen. Un relato". 

Esta vez os retábamos a inspiraros en la siguiente foto:


Vuestras historias:



¡Mil gracias!

También aprovechamos para recopilar las tres que escribimos nosotros, por si os las perdisteis en Facebook

Esta vez cierro los ojos temiendo lo que voy a soñar. Los brazos de Morfeo no tardan en llevarme lejos de aquí. De nuevo la misma habitación, de nuevo las mismas paredes frías y blancas que se hacen eco sordo de mis peores pesadillas. Una sola puerta, una única salida vetada. Me acerco con miedo al picaporte y me asomo a su único ojo metálico y amenazador. Observo en silencio, notando las manos temblorosas y el corazón desbocado. Mis pupilas se dilatan y me aparto deseando no haber visto nada. Grito y sé, en lo más profundo de mí ser, que no volveré a despertar.

Llamó al ascensor, pero comunicaba. Le chilló, pero debería de estar demasiado arriba como para oírle, así que se rindió y pulsó el botón. Durante el trayecto maldijo ese último refrigerio de más. Ya, frente a su casa, empezó el duelo contra el pomo... Este le pretendía engañar desdoblándose a un lado y a otro, pero atacó letalmente con un movimiento seco y fuerte. Se rompió la uña y arañó la puerta. Otro intento y parecido resultado. Se percató de que estaba usando la llave equivocada. Probó con la buena pero solo consiguió que, tras la puerta, saliera la que parecía su vecina, y le dirigió palabras pocas amistosas. Cuando ella logró hacerle entender que se había equivocado de edificio no pudo más que ponerse a reír e hipar en el suelo confundiendo los gritos de la señora con panderetas que aplaudían su cómico despiste.

Introduje la llave. Una, dos, tres vueltas, la puerta soltó un chirrido que cortó el aire y rompió el silencio, hasta el momento solo interrumpido por mis pensamientos. Terminé de abrir la puerta y para mi sorpresa, solo había libros. Montañas y montañas de libros. Las palabras inundaban el lugar, los sueños un día escritos, no dejaban sitio a las pesadillas. Mil olores, mil y un respiros escribían melodías en el aire, calmando la mente y el alma. Y allí al fondo, escondido, un gran sillón de dudosa edad, vestido con lo que una vez pudieron haber sido las cortinas de la abuela. Me senté y me dispuse a leer libros olvidados, historias que, casi sin fuerzas, yacían en un rincón con el polvo acumulándose en sus cubiertas. Leí, leí y leí, cada palabra, cada frase, acariciando las páginas con dulzura entre las yemas de mis dedos, aún húmedas, por el contacto de mis labios. Y así el tiempo pasó y esa habitación que había permanecido cerrada y oculta hasta el momento, se convirtió en mi día a día, en mi refugio, en mi sustento, mi escondite secreto, mi pasaporte, mi castillo en el cielo. Y es que uno no sabe lo que se esconde tras cada puerta, es necesario abrirla para ver a través de esa cerradura, a veces demasiado pequeña.

¡Nos los hemos pasado en grande!
¡Tenemos muchas ganas de repetir!
¿Y vosotros?








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