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Sección Nuestro rincón creativo: El nacimiento de una idea

El nacimiento de una idea 



"Soy un mini punto en el espacio vacío, sin conciencia, pero, de un modo extraño, dispuesta a ser cualquier cosa. 
Desconozco mi nombre hasta que lo oigo en la versión más primaria de su significado y entonces empiezo a crecer sin que nadie pueda pararme. 
Temo que no me nombren, temo quedar en ese estado de inutilidad por culpa de que nadie quiera regalar un momento para darme forma. No necesito recursos, solo sueños y un buen motor de constancia. Si pudiera hablar en esos momentos gritaría: invéntame, lúchame, rétame. Pese a ser única, sé que no estoy sola, hay millones como yo. Así que, si eres valiente, atrévete a imaginarme. 
Prometo intentar ser el comienzo sin fin de algo maravilloso."




Recopilación de mini-relatos

Hoy aprovechamos para recopilar las tres mini historietas que escribimos nosotros durante este, por si os las perdisteis en Facebook. Pertenecen a la sección "Una imagen. Un relato". Y la imagen inspiradora en esta ocasión fue la siguiente:


Querido diario: Sumamos un día más con normalidad. Al amanecer estaba algo molesto por la humedad, que ya sabes que se te mete dentro del cuerpo y no agrada nada; pero bueno, con un ratillo tomando el sol ya uno se seca. El primero ha sido Don Manuel, hoy con el periódico infestado de noticias futboleras, lo cual le aburre un poco, porque se ha ido antes de lo habitual. ¡Por cierto! Ha cambiado de bastón y la verdad es que el roce de este cuando lo deja apoyado encima de mí es algo más agradable que el del anterior. Luego se volvieron a acercar el grupo habitual de estudiantes con sus bocadillos. Siguen sin saber hablar de nada más que de la chica que les rechazó el fin de semana. Y yo me pregunto: ¿será la misma todas las semanas? en caso de que no fuera así, ¿hay realmente tantas chicas en la ciudad? Menudo sol de justicia al mediodía. Suerte tengo que mis materiales han sido bien tratados en la fábrica, si aún estuviera en mi pieza entera en ese bosque (¡cuánto tiempo!), habría temido gravemente por mi integridad, a riesgo de arder en llamas. Y por la tarde los tortolitos... Al principio la pasión era bonita, ahora ya aburre y tanto magreo encima de mí hasta me asquea. En fin, es lo que hay y para eso está uno aquí. Y al fin la noche, donde nunca nada sucede de forma habitual. Algunas noches no sucede nada y otras, simplemente, ocurren demasiadas cosas. Hoy no ha sido especialmente extraordinario, solo una chica haciendo deporte, a la que he ayudado con flexiones y abdominales para que no se manchase en el suelo. Me ha dejado algo de sudor encima, pero ya entrada la noche se ha mezclado con la humedad, que ya empezaba a notar, y vuelta a empezar. No creo que mañana sea un día muy diferente, aunque eso nunca se sabe.

"Es el mejor momento del día. Me siento en este banco raído cubierto por la agradable sombra de la tarde, me tomo a sorbitos el delicioso café que calienta mis manos y siento que el mundo se detiene. Aquí he leído los libros que me han hecho reír y llorar, he gestado mis mejores ideas y mis versos más tristes, he jugado a la noria de los pensamientos y observado a toda clase de gente pasar ante mí mientras mis curiosos ojos inventaban sus vidas. Siento que este lugar es parte de mí y cada tarde a la misma hora regreso como un barco que ansía su puerto predilecto."

"Hasta aquella mañana lluviosa no éramos más que dos desconocidos en una grande y pequeña ciudad. Si hubiésemos pasado el uno al lado del otro, ni siquiera nos habríamos visto. Habríamos pasado desapercibidos en la muchedumbre. Pero el destino tiene idas y venidas, para nosotros fue la lluvia. Aquella mañana, en el comienzo de la estación de lluvias, fue cuando lo vi por primera vez. Un joven alto, delgado y vestido de traje, bebiendo cerveza y comiendo chocolate, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: "¿Y este de qué debe trabajar?". Pero no dije nada, me senté y empecé a dibujar. Los días pasaban y terminamos por conocernos. Los dos pensábamos igual. En las mañanas de lluvia nos parecía un desperdicio ir al colegio o a trabajar, para quedarnos encerrados en una habitación fría y sin vida. Las mañanas de lluvia eran el único momento en que un pedazo de ese cielo siempre tan distante caía en nuestras manos. Cada día lluvioso hacíamos lo mismo, siempre nos encontrábamos en el parque. No eran citas, no. Sencillamente, sabíamos que los días de lluvia nos veríamos en ese banco. Y así fue, hasta que la estación de lluvias terminó. Esta mañana también he ido a ese banco, pero él ya no estaba ahí. Y de esta forma mi primer amor se ha ido junto con las lluvias. Y ese banco, lleno de recuerdos, es ahora asiento de hojas marchitas. Pero quién sabe, quizás es sólo hasta que vuelva la lluvia "

¿Qué os parecen?
¿Cúal sería la vuestra?


Nuestro rincón creativo: La cazadora de estrellas

Hoy os traemos una nueva sección a la que llamaremos “Nuestro rincón creativo”.
Lo usaremos para compartir las pequeñas historietas que se nos van ocurriendo a los miembros del equipo de “Los libros de Bastian”. Esperemos que os hagan soñar y que os inspiren para obrar mayores hazañas literarias.

LA CAZADORA DE ESTRELLAS.
(Relato escrito por Mar)


“Dentro de una caja, sobre un cojín mullidito y arropado con dulzura, encontraron un Corazón Soñador. Al alzar su sabana descubrieron bordada la historia de su antigua propietaria.

Este corazón fue propiedad de una chica alta y esbelta llamada Anastasia. Tan alta era que siempre tenía la cabeza en las nubes y era eso lo que la gente del pueblo le recriminaba. Siempre leyendo, siempre mirando el cielo cómo si de un teatro se tratara.

Anastasia estaba obsesionada con el cielo, tanto le fascinaba que saltaba de la silla para no sentir el suelo durante un instante, que se subía a los árboles para convertirse en pájaro y sentirse cercana al cielo, hasta que sus padres la despertaban con una dosis de realidad.

Quizás lo más peligroso que hizo, alguna vez, fue saltar desde un acantilado. Tranquilos, no saltó al vacío, no. Saltó al mar, saltó al mar para poder darme a mí su corazón, para que me pudiera figurar cómo sería tocar el cielo y volar. Pero el impacto fue tan fuerte que la despertó de golpe y fue necesaria la ayuda de un pescador para llegar a la costa donde se arremolinaba la espuma y donde las conchas juegan al escondite en la arena.

Una noche de primavera, cuándo las estrellas recorrían el cielo con mucha prisa, cómo si llegaran tarde a una fiesta del té, Anastasia, aún despierta, salió de casa, miró el cielo durante un suspiro, cerró la puerta sin hacer ruido y se dirigió con determinación hacia su inmensidad sin siquiera titubear un instante, con paso lento pero firme, sin detenerse y sin mirar atrás.

Anastasia desapareció. Pasó el tiempo y se continuaba sin tener ninguna pista, hasta que, cierto día al cabo de los años, llegó a oídos de la gente del pueblo la noticia de que, en las Montañas del Sur, pasado el Bosque Blanco y después de las Valles del Süd, había una chica blanca cómo la nieve, de pelo cobrizo y ojos negro noche. Una chica preciosa, alta y esbelta que se dedicaba a cazar estrellas, que te las buscaba si las perdías, no importaba si eran estrellas rápidas o invisibles, no importaba si eran de mar o de montaña, ni tampoco sus formas o sus colores, ella las encontraría. Tan buena era en su trabajo que este le trajo la fama.

Y ella vivía allí, donde el cielo era más cercano, dónde, en la noche, las luces de la ciudad no llegaban. Dónde al llegar la noche, cogía su pequeña barca, se dirigía al lago y remaba a lo largo de la Vía Láctea. Eran ella y el espacio. Su sueño ya no era un sueño. Había conseguido tocar el cielo.

Sólo los soñadores pueden cambiar su destino. Porqué es el amor y la admiración a los mirajes  el combustible que le permite al mundo girar. Y es que nadie, por muy poderoso, importante o listo que sea, tiene derecho de tratar de inocente o loco a un Corazón Soñador”.



Si queréis enviarnos alguno de los relatos cortos que surcan los mares de vuestra imaginación no dudéis, en mandarlos a nuestro correo electrónico: loslibrosdebastian1@gmail.com.




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